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NO ES SUFICIENTE ELEGIR CON QUIEN LE GUSTARÍA VIVIR SINO TAMBIÉN CON QUIEN SÍ PODRÁ VIVIR EL RESTO DE SU VIDA

 NADIE DEBE HACERSE LA ILUSIÓN DE TENER EL PODER DE CAMBIAR EN OTRO POR EL HECHO DE CASARSE 

El ser humano no puede confiar totalmente de lo que el corazón le dicta. El mismo Señor Jesús le recuerda al hombre que su corazón es lo más complejo y perverso, el único que lo escudriña y lo sondea es Dios (Cfr. Jr 17,9-10). De este modo, la persona que no quiere equivocarse, aunque su corazón le pida otra cosa, debe dejarse guiar por la sabiduría de Dios. Ella le protegerá del hombre o de la mujer de palabras suaves y belleza desconocida (Cf. Pr 6,24). Por lo tanto, el que quiera casarse pida a Dios no sólo un buen hombre que le haga feliz en este mundo sino que le ayude alcanzar el cielo.

No es suficiente elegir con quien le gustaría vivir sino también con quien podrá vivir el resto de su vida. No siempre se puede vivir con los que se quiere sino con los que se debe. “Todo es lícito, mas no todo es conveniente. Todo es lícito, mas no todo edifica” (1 Cor 10:23). De hecho, hay seres humanos de belleza extraordinaria y dulces palabras pero que traen dolor y muerte. Por tanto, ¿De qué le sirve al hombre casarse con la mujer más esbelta y atractiva si en su corazón hay engaño y traición? De qué le sirve a la mujer casarse con el hombre más apuesto y poderoso si en su corazón hay maltratado e infidelidades?    

Si bien es cierto cada quien es libre de elegir a la persona con quien quiere vivir el resto de su existencia, nadie debe imponerle; no obstante, no se debe ignorar que hasta para elegir un trabajo o un vestido de fiesta siempre si pide opinión o asesoría a los que saben, el matrimonio es más importante que todo esto. De esta elección, en gran medida, dependerá vivir un infierno o un pequeño cielo en la tierra. Nadie debe hacerse la ilusión de tener el poder de cambiar al otro por el hecho de casarse, solamente lo hace Dios con quienes lo buscan de corazón. 

Cuando alguien quiere formar un hogar debe ser consciente que su cónyuge es un ser humano, no un ángel. Sin embargo, debe saber que para que el matrimonio funcione no solo depende de una persona sino de los dos. Como es obvio, nadie deliberadamente busca al peor ser humano para casarse y así asegurar un infierno en el futuro, al contrario, desea realizarse como persona y piensa que es la mejor elección. En consecuencia, es importante saber elegir no sólo a la persona que le gusta sino con la que si puede y está dispuesta a compartir todos los días de la vida.

Autor: P. Dalton Bustamante

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