10 técnicas de resolución de conflictos familiares (mañana las otras cinco).
1. Identificar el problema y su causa
Lo
primero que se tiene que hacer es identificar el problema. Pueden ayudar las
siguientes preguntas: ¿Qué está mal? ¿Qué está ocurriendo? Después de tener
claro cuál es la dificultad hay que pasar a buscar el origen de los conflictos.
Saber que todo efecto tiene una causa, nada sucede por casualidad.
Los
problemas son parte de la vida de todos los seres humanos, no deben asustarnos.
Es importante aprender a lidiar con ellos. Que sirvan como una oportunidad para
madurar y crecer en las relaciones interpersonales. No siempre son un
obstáculo. Saber que ningún buen marinero se forjó en un mar calmo.
2. Comunicación eficaz y oportuna
Paradójicamente,
hoy con más medios de comunicación la gente se comunica menos. Se corre el
riesgo de vivir como islas y caminar como zombis, extrañando a los que no se
tiene e ignorando a los que están a lado. Si no hay los espacios para expresar
lo que se vive o se siente no se puede poner el remedio a la enfermedad.
Aunque
uno no esté de acuerdo en todo o parezca algo insignificante nunca se debe
ignorar a las personas. Hay que aprender a escuchar activamente con paciencia y
sin interrupciones para poder entender lo que están viviendo o tratando de
comunicar. Todo ser humano tiene dignidad y debe ser tratado como tal.
La comunicación no es para imponer o para estar de acuerdo en todo sino para proponer y expresar lo que se vive. Es importante saber manejar el tono de voz y el lenguaje corporal para comunicar. Cuando se trata de expresar lo que se siente hay que decirlo con claridad en primera persona, ejemplo: “me gustaría, quisiera, pienso, etc".
3. Pensar antes de hablar
Si
bien es cierto no sólo se comunica con palabras sino que hay muchas formas y
maneras de expresarse. Sin embargo, no se puede ignorar que las malas palabras,
groserías o gritos lastiman a las personas. Las palabras dichas no se pueden
borrar y pueden crear heridas emocionales difíciles de sanar. En la solución de
conflictos cuando se va a decir cosas que empeoran la situación es mejor
morderse la lengua.
Que los pronombres personales “yo” y “tu” se digan sólo cuando se necesita hablar de nuestras opiniones y emociones. En cambio, cuando estamos intentando resolver un problema interpersonal es mejor utilizar el “nosotros” porque demuestra que no estamos atacando a la otra persona sino que también estamos interesados en resolver el conflicto. Por ejemplo: en vez de decir “tienes que solucionar” es mejor “deberíamos decidir cómo solucionar.
4. Atacar el problema, no la persona
En
la resolución de conflictos no se trata de mostrar mi superioridad moral por mi
buen comportamiento para hacer sentir mal al otro por sus errores. No se trata
de culpar o atacar a la persona sino al problema. Se debe concentrar, sin
perder energías ni tiempo, para desentrañar lo verdaderamente importante. El
conflicto es una cuestión de dos y se lo tiene que resolver juntos. Las piedras
disfrazadas de argumentos debilitan el proceso.
Ayuda mucho saber controlar sus emociones para expresarse de manera adecuada y oportuna. Evitar decir todo aquello que pueda empeorar la situación, por ejemplo: “estoy harto/a de que hagas siempre lo mismo”. Sería mejor decir “no me gustaría que hagas eso, podríamos encontrar una mejor solución”. Saber que la solución de los conflictos es responsabilidad de los dos. Demostrarle que se le quiere y que de verdad se quiere solucionar el problema.
5. Ponerse en los zapatos del otro
Equivocadamente,
a veces, se piensa que sólo uno tiene problemas, no nos damos cuenta que la
pareja, los hijos, los papás y los hermanos también enfrentan diariamente sus
propios conflictos. Por eso, es muy importante no sólo pedir que nos escuchen, nos
entiendan y nos comprendan, sino también tener la capacidad para escuchar y comprender
lo que los otros viven. En esta vida nadie está excento o inmune del dolor, de los
sufrimientos y de las dificultades, es parte de la vida de todo ser humano.
Es
fácil ver los errores de los demás y pensar que uno siempre es bueno. Por eso,
ayuda mucho ponerse en el lugar del otro y con humildad examinarse si uno es el
causante del problema. Puede ser que se le esté haciendo daño sin darnos
cuenta. Escucharlo no sólo con el fin de rebatir sus argumentos sino con la intención
de entenderlo. Antes de realizar suposiciones es importante preguntarle a la
otra persona como se siente para escucharlo y comprenderlo.
Nota: Mañana los otros cinco puntos que faltan.
Autor:
P. Dalton Bustamante


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