No se trata de atacar a las personas sino al problema.
Los conflictos familiares son parte de la vida de todos los seres humanos. Ocurren incluso en las familias, aparentemente, más felices y constituidas. Es normal tener que lidiar con un mal entendido en algún momento de la vida. Los inconvenientes pueden ocurrir, entre otros, por sus expectativas, creencias, opiniones, miedos, deseos, necesidades, así como también por la falta de comunicación y confianza que llevan a malos entendidos y conclusiones erróneas.
Los conflictos traen
consigo una fuerte tensión, cada una de las partes se coloca en actitud
defensiva. Ninguno quiere sentirse derrotado ante el otro, todos quieren
imponer las condiciones de los vencedores. Cuando los conflictos no se resuelven de
forma adecuada conduce a discusiones y resentimientos, a veces hasta la ruptura
familiar. Por eso, es
importante pensar antes de actuar, analizar en las consecuencias de nuestras
palabras y acciones.
Cuando los problemas
son afrontados positivamente representan una gran oportunidad para crecer y
madurar como familia. No se trata de atacar a las personas sino al problema, centrándose en
el futuro y dejando atrás el pasado. Las relaciones se debilitan cuando, en vez
de solucionarlas, hay lucha de poder o ambos piensan tener la razón. Ayuda
mucho identificar los puntos comunes para atacar solamente los desacuerdos. Es
importante recordar que ningún buen marinero se forjó en un mar calmo.
El objetivo de la
solución de conflictos no es que hayan vencidos y vencedores, sino en que ambos
ganen. Tampoco se trata de humillar haciendo ver que uno
es superior y que el otro, por ser inferior tendrá que doblegarse. Es muy
importante no tener miedo dar un paso atrás si ayuda a dar dos adelante,
ya que a veces para ganar también hay que perder. Finalmente, si el afán no es
solucionar el conflicto, sino imponer su criterio, se debe recordar que el
sentimiento del fracaso producirá amargura y descontento que preparará una
nueva tempestad que explotará en el siguiente conflicto.
Autor: P. Dalton
Bustamante


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