LA FAMILIA QUE QUIERO
"El que siembra espinas no espere cosechar flores"
1. Primero padre antes que amigo
Que los hijos comprendan y nunca confundan a los padres con los amigos o colegas. Aunque los papás deben ser sus amigos han de entender que primero son padres. Ellos tienen toda la autoridad para enseñar, guiar, corregir y amonestar cuando sea necesario, no hacerlo es pecar de omisión y provoca daño. Cuando los padres actúan haciendo creer que sus hijos, solamente, son amigos les están privando de la oportunidad de tener padres, se convertirán en huérfanos. Los hijos necesitan tener a los padres como referentes porque amigos hay muchos.
2. Educar con amor y paciencia
Los padres no deben confundir la educación escolar con la formación en valores. No sirve de mucho llenarles la cabeza de conocimientos en los mejores centros educativos y con los mejores cursos si su alma está vacía de valores espirituales y morales. Se debe formarlos, con amor y paciencia, para la vida y no sólo para un trabajo. La familia y la Iglesia son los mejores espacios y medios para complementar la formación integral. Es urgente iniciar temprano para no lamentarse cuando sea demasiado tarde. Con la ayuda de Dios, aunque las cosas parezcan difíciles, siempre será más fácil.
3. Valorar las buenas acciones de los hijos
Los ser humanos no sólo tienen defectos sino también virtudes. Por eso, es necesario e indispensable descubrir, resaltar y subrayar las buenas acciones, dones y talentos que tienen los hijos. Que se sientan motivados y animados para mantener lo bueno, fortalecer lo débil y corregir lo malo. Con las palabras oportunas y acciones necesarias se les ayude a descubrir y valorar la importancia y la ventaja de las buenas acciones. No es bueno comparar los hijos con nadie, ni siquiera con los hermanos, todo individual es único e irrepetible y vive sus propias realidades y procesos.
4.- Establecer límites y disciplina
En la vida hay reglas claras, no se puede hacer todo lo que uno quiere, cuando quiere, como quiere, a la hora que se le antoja. Por eso, amar a los hijos es poner límites, disciplinarlos, corregirlos y muchas veces obligarlos. ¿Qué padre que ama a su hijo no obliga a tomar la medicina, alimentarse, cepillarse los dientes, hacer las tareas, dormir temprano, etc? Cuando el hijo sea adulto será otra historia, pero antes no. Los padres no deben huir de su responsabilidad. Nunca se debe festejar ni aplaudir las malas acciones.
5. Enseñar con el ejemplo
Toda autoridad moral viene de la coherencia de vida, se gana no se impone. No se puede exigir lo que no se vive, las cosas caen por su propio peso. No hay mejor lección de vida que el propio ejemplo. La autoridad no proviene de la cantidad de normas, del que más grita, del que más maltrata ni del que más asusta sino de las lecciones de vida. Los padres que de verdad aman a sus hijos, aunque no vivan con ellos, tienen la obligación moral de respaldar la autoridad del que es responsable de la formación, por el contrario les harían mucho daño y no vale quejarse cuando sea demasiado tarde.
6. Demostrar amor incondicional
El amor incondicional de los padres es algo innato e instintivo que no se necesita hacer nada para que eso ocurra. Es la expresión de amor más sincera y pura de todo lo que hay en este mundo. Los hijos deben saber que siempre hay un lugar seguro donde se les espera, se les quiere y se les cuida. Aunque el hijo se alejara del hogar los padres siempre esperan el regreso de su hijo, no se cansan de esperar. Sin embargo, querer a un hijo no significa aprobar todas sus acciones y formas de pensar. El amor es paciente y muestra comprensión, no se alegra de lo injusto y perdura a pesar de todo (cf.1 Co 13).
7. Proveer lo necesario y no sobreproteger
Ser padres responsables no es sinónimo de complacer todos los gustos y caprichos de los hijos, es sacrificarse para proveer todo lo necesario. Es natural que los padres quieran proteger a sus hijos del dolor, del peligro, de los sufrimientos; sin embargo, el mundo no es perfecto, algún día tendrán que enfrentarlo solos. Por consiguiente, de acuerdo a la edad y a la circunstancia, es importante que los hijos aprendan a superar las dificultades solos, que se levanten cuando se caigan. Yes los padres no corrigen a los hijos a tiempo la vida lo hace de una manera despiadada. Por eso, para un buen desarrollo de la madurez de los hijos no hay que sobreprotegerlos, que aprendan asumir las consecuencias de sus propios actos.
8. Dar tiempo y comunicación
A pesar de las obligaciones laborales y el cansancio los padres deben buscar espacios de tiempo de calidad y de cantidad. Cuando los padres pasan ausentes de los hijos, generalmente los extrañan y se sienten solos. Muchas veces, éstos vacíos de afecto, protección, comprensión, seguridad y orientación los buscan fuera de la familia. Ellos necesitan saber que siempre pueden contar con sus padres. Las relaciones fuertes y permanentes se construyen con el tiempo y las experiencias compartidas. La comunicación fortalece los vínculos, ayuda a conocerse y genera confianza, las cosas materiales nunca podrán reemplazarla. Tener una buena relación con los hijos, no es complacerles en todo, sino compartir en cuerpo y alma sus alegrías, sufrimientos, deseos, miedos y preocupaciones. Ayuda mucho, entre otras cosas, dejar a lado el celular y dedicar espacios para jugar, comer, pasear juntos, etc. El amor es sacrificado, sin pretextos.
9. Enseñar a trabajar y a sacrificarse
Aunque la sociedad y el mercado sigan invitando a lograr metas con rapidez y sin esfuerzo, no se puede ignorar que el trabajo con sacrificio es la fuente del decoroso desarrollo del hombre y la sociedad. Las cosas buenas no caen del cielo y para obtener algo en la vida primero hay que trabajar duro. Por eso, cuando los padres erróneamente piensan que lo mejor que pueden hacer por sus hijos es tratar de “que no pasen lo que ellos pasaron”, no debe significar privarles del sacrificio, sino ofrecerles oportunidades que ellos nunca tuvieron. La sobreprotección los hace inválidos y les produce mucho daño. Se los debe entrenar para la vida ya que los padres no siempre estarán para protegerlos. La vida laboral es dura y no tiene compasión, hay que enseñarles a superar los retos. Para disfrutar primero hay que trabajar. "Si alguno no quiere trabajar,
10. Vida en valores espirituales y morales
La familia es la célula de la sociedad y la Iglesia doméstica, es el lugar privilegiado para la formación integral. Es la comunidad de fe, de esperanza y de caridad. Es el espacio predilecto, no solo para preocuparse en llenar la cabeza de conocimientos a los hijos, sino para favorecerles el crecimiento integral como seres humanos. Los responsables directos de la formación en valores espirituales y morales es la familia, todo el resto son subsidiarias. No debe delegar en nadie lo que por derecho natural le corresponde. “El que siembra espinas no espere cosechar flores”, por eso, que los padres se aseguren no solo del alimento material, sino de saber de qué se está nutriendo la mente y alma del hijo. No olvidar que el tiempo no tiene vuelta atrás, mañana será demasiado tarde, sólo se cosechará lo que se ha sembrado. "El que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia" (2 Co 9,6).
Autor: P. Dalton Bustamante


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