Cinco claves para enfrentar los problemas y el sufrimiento
1 1. Aceptar la realidad de la vida
Es importante ser honestos y no engañarse uno mismo, no es justo hacerse el mal personalmente. No vale la pena negar o fingir lo que realmente vivimos y sentimos Se debe entender que somos hombres y no dioses. Es de humanos equivocarse y ser tocados por los ciclos naturales e inclemencias de la vida. Lo que realmente produce mucho daño es no querer levantarse después de haberse caído.
2. 2. Buscar el origen del sufrimiento
En cada sufrimiento siempre hay una causa o estímulo, todo efecto tiene una causa. Para ir a la raíz del mal se necesita un discernimiento objetivo que descarte la subjetividad de las emociones ya que a veces es más la imaginación que la misma realidad. Encontrar el origen del mal es el inicio de la sanación porque permite afrontar, sin perder tiempo y energía, con el acompañamiento necesario .
3. 3. Buscar ayuda eficiente y oportuna
La soberbia y el orgullo no son buenos amigos del hombre. No se puede ser autosuficiente en todo, cerrarse en uno mismo produce mucho daño. Es importante buscar ayuda eficiente y oportuna, especialistas y familiares, no cualquier persona . Es mejor pasar vergüenza a momento que lamentarse toda la vida. El perfeccionismo o los prejuicios del que dirán deben pasar a un segundo plano.
4. 4. Valorar a quién está a su lado
Generalmente cuando las personas están pasando mal tienden a encerrarse en sí misma, estar solos, que los dejen en paz. Se debe intentar entenderlos siendo comprensibles, sin juzgarlos y buscarles ayuda. No obstante, el que está sufriendo debe entender que las personas cercanas afectivamente intentan lo mejor y no nos abandonan, a pesar de todo siempre están ahí. A veces su sola presencia hace mucho bien.
5. 5. Buscar a Jesús el Señor nuestro Salvador
“Vengan a mí los que están cansados y agobiados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana ”(Mt 11, 28-30). Es bueno preguntarse no sólo ¿por qué a mí?, sino también ¿para qué este sufrimiento? Dios está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. No se complace en el sufrimiento del hombre, él mismo cargó con nuestros dolores.


0 Comentarios